A la hora de resolver determinados conflictos judiciales tenemos la posibilidad de elegir entre estos dos métodos: ¿cuáles son sus diferencias principales?, ¿cómo saber en qué etapa del conflicto conviene aplicar cada uno?

 

Quizás la forma más simple para entender la mediación sea caracterizarla en lo que la diferencia de lo ya conocido: el juicio, la forma tradicional de resolver temas judiciales. La aparición de los métodos alternativos, entre ellos la mediación, apunta a la diversificación de procedimientos que resulten adecuados en cada instancia del conflicto.

A continuación, te contamos las diferencias principales entre estos dos métodos:

 

1. Protagonismo y poder de decisión

El juicio es el método tradicional que se utiliza en la resolución de conflictos judiciales. En este proceso, un juez como tercero neutral, toma la decisión final acerca del caso y dicta una sentencia basada en la investigación de las pruebas presentadas por las partes y en la jurisprudencia. En general, la mayor parte del procedimiento se realiza a través de escritos que son presentados por los abogados o defensores de las partes, quienes llevan adelante el proceso en su nombre, como apoderados o representantes.

En la mediación las partes son protagonistas: son quienes proponen las opciones para solucionar el conflicto, negocian y acuerdan las medidas a tomar a futuro en base a sus propios intereses y necesidades. Además, la participación en la mediación es voluntaria durante todo el proceso: nadie está obligado a participar y cualquiera de las partes puede retirarse en el momento que lo desee.

 

2. Adaptación y flexibilidad

Como en la mediación son los participantes quienes deciden en conjunto las medidas que tomarán frente al conflicto, la resolución se adapta a sus circunstancias particulares de vida y a sus posibilidades de cumplir con lo acordado. Además, cuando esas circunstancias se modifiquen, tenemos la posibilidad de rever y adaptar los acuerdos a la nueva realidad.

En el juicio, en cambio, las resoluciones suelen ser generales y basadas en la ley y en la jurisprudencia, es decir, las sentencias previas tomadas como ejemplo. Si bien también es posible solicitar la adaptación del fallo a situaciones particulares, dado que es una persona externa al conflicto quien toma la decisión, en general son las partes quienes tienen que adaptarse a la sentencia y no al revés.

 

3. Economía de tiempo, dinero y costos emocionales

Si bien no es el objetivo principal de la mediación, una de las consecuencias de su aplicación es descomprimir la tarea de los juzgados. Si una gran parte de los conflictos judicializados- aquellos que puedan ser objeto de decisión de las partes- se resuelven a través de la mediación, los juzgados podrían dedicarse a aquellos conflictos más complejos o agravados.

Además, la mediación tiene la ventaja de resultar un método más rápido: por ejemplo, el tiempo máximo para la gestión en el Centro Judicial de Mediación es de 60 días, mientras que un juicio puede durar meses o incluso años.

Por último, la mediación es un servicio gratuito por el que no se pagan tasas judiciales y si bien es obligatoria la presencia de abogados, al ser un proceso más breve los costos económicos se reducen. Por otra parte, al resolver los conflictos de manera rápida nos evitamos acarrear un proceso judicial con los costos emocionales que ello supone.

 

4. Consecuencias para nuestros vínculos

Un proceso judicial tradicional también puede tener un impacto irremediable en nuestras relaciones. Al ser el juicio un proceso adversarial, es decir que trata a las partes como adversarias, y donde como consecuencia hay ganadores y perdedores, la rivalidad y la confrontación se pueden incrementar.

En ese contexto, la mediación puede ser un espacio donde dialogar con la otra parte, escucharse mutuamente y acercar posiciones, donde se pueda encontrar soluciones creativas más allá de las diferencias y de los conflictos de intereses que son inevitables.

 

Métodos complementarios

La mediación y el juicio son dos mecanismos que se pueden usar en distintas instancias de un conflicto: es común que en un inicio se intente resolver a través de una negociación dialogada y, en caso de no llegar a un acuerdo, recurrir a un juez para que tome la decisión. Además, durante el juicio podemos solicitar la derivación a mediación cuando el grado de conflictividad disminuya y se considere que hay posibilidades para dialogar.