Al abordar ciertos temas legales se nos presenta la oportunidad de optar entre estos dos enfoques: ¿Qué diferencias hay entre ambos métodos, cuáles son sus beneficios y limitaciones, y cómo podemos determinar cuál es la opción más conveniente para cada situación?


El juicio es el método tradicional en nuestro sistema judicial, donde un juez o un jurado decide la resolución de una disputa en base al análisis de las pruebas presentadas por cada parte. La mediación y los demás métodos de resolución alternativa de conflictos fueron surgiendo como variantes que apuntan a la diversificación de procedimientos, dando la posibilidad de elegir aquellos que resulten más adecuados para cada caso, según el tipo, la etapa y el grado de conflictividad.

A continuación, te contamos las principales diferencias entre la mediación y el juicio, que pueden ser de utilidad para evaluar en qué situaciones y circunstancias conviene aplicar cada uno de estos métodos:

 

  1. El protagonismo y poder de decisión

En el juicio es un juez, como tercero neutral, quien toma la decisión final acerca del caso y dicta una sentencia basada en la investigación de las pruebas presentadas y en la jurisprudencia. En general, la mayor parte del procedimiento se realiza a través de escritos, ya sea en soporte papel o digital. En este caso, la documentación es presentada por los abogados o defensores de las partes, quienes llevan adelante el proceso en su nombre como apoderados o representantes.

En la mediación las partes son protagonistas: son quienes proponen las opciones para solucionar el conflicto, negocian y acuerdan las medidas a tomar a futuro en base a sus propios intereses y necesidades. Además, la participación en la mediación es voluntaria durante todo el proceso: nadie está obligado a participar y cualquiera de las partes puede retirarse en el momento que lo desee.

 

  1. Adaptación y flexibilidad

Como en la mediación son los participantes quienes deciden en conjunto las medidas que tomarán frente al conflicto, la resolución se adapta a sus situaciones particulares de vida y a sus posibilidades de cumplir con lo acordado. Además, cuando esas circunstancias se modifiquen, tenemos la posibilidad de rever y adaptar los acuerdos a la nueva realidad según se vaya presentando.

En el juicio, en cambio, las resoluciones suelen ser generales y basadas en la ley y en la jurisprudencia, es decir, las sentencias previas relacionadas con el caso que son tomadas como ejemplo. Si bien también es posible solicitar la adaptación del fallo a situaciones particulares, dado que es una persona externa al conflicto quien toma la decisión final, suelen ser las partes quienes tienen que adaptarse a la sentencia y no al revés.

 

  1. Economía de tiempo, dinero y costos emocionales

Aunque no es el objetivo principal de la mediación, una de las consecuencias de su aplicación es descomprimir la tarea de los juzgados. Si una gran parte de los conflictos judicializados- aquellos que puedan ser objeto de decisión de las partes- se resuelven a través de la mediación, los juzgados podrían dedicarse a aquellos conflictos que por su escala o amplitud necesitan la intervención de un tercero que detente el poder para circunscribirlo y desescalarlo.

Además, la mediación tiene la ventaja de ser un método más rápido: por ejemplo, el tiempo máximo para la gestión en el Centro Judicial de Mediación es de 60 días, mientras que un juicio puede llegar a extenderse por años.

Por último, la mediación es un servicio gratuito por el que no se pagan tasas judiciales y si bien es obligatoria la presencia de abogados en sede judicial (CeJuMe), al ser un proceso más breve los costos económicos se reducen. Por otra parte, al resolver los conflictos de manera rápida nos evitamos acarrear un proceso judicial, con los costos emocionales que ello supone.

 

  1. Consecuencias para nuestros vínculos

Llevar adelante un juicio también puede tener un impacto irremediable en nuestras relaciones. Al ser un proceso adversarial, es decir que trata a las partes como adversarias, y donde como consecuencia hay ganadores y perdedores, la rivalidad y la confrontación se pueden incrementar.

En ese contexto, la mediación puede ser un espacio donde dialogar con la otra parte, escucharse mutuamente y acercar posiciones; donde se puedan encontrar soluciones creativas, más allá de las diferencias y de los conflictos de intereses que resultan inevitables.

 

Métodos opuestos y complementarios

La mediación y el juicio son dos formas de resolver conflictos, que conducen a resultados diferentes. Sin embargo, aunque parezcan opuestos, pueden complementarse en la resolución de un mismo caso: la mediación puede servir como una primera instancia, y aunque al final no se logre un acuerdo, las partes llegan al juicio habiendo trabajado sobre el conflicto y habiéndose expresado mutuamente sus necesidades e intereses. Otra alternativa es solicitar una mediación o una conciliación durante el juicio, cuando el grado de conflictividad haya disminuido y se considere que hay posibilidades para dialogar. De esa manera se puede finalizar el proceso judicial resolviéndolo con un acuerdo en lugar de una sentencia. 

Por último, no todos los conflictos pueden abordarse a través de la mediación, como los casos de delitos graves, violencia doméstica, cuestiones de orden público, etc. Únicamente son mediables aquellos temas que sean materia disponible por las partes, es decir, sobre los que los particulares puedan decidir: sucesiones, demandas por daños y perjuicios, concursos, régimen de alimentos, tenencia y visitas de los hijos, etc. En cada caso habrá que evaluar en qué etapa se encuentra el conflicto y cuál es el grado de escalada, para poder decidir la mejor vía para su resolución.